la mandarina peruana no inició bien el año debido al retraso de las cosechas

El 2023 inició con una caída del 38% en volumen y 34% en valor, esto debido al retraso de los cultivos por las altas temperaturas registradas en la primera mitad del año.

La mandarina está dentro del Top 10 de productos más relevantes de la canasta agroexportadora. Y es uno de los pocos que logró crecer incluso en épocas tan complicadas como la pandemia y la gran crisis logística internacional que la sucedió.

En la actualidad, los envíos de mandarina se realizan durante todo el año, pero existe una concentración entre abril y septiembre. Este producto llega a más de 35 países en todo el mundo y es comercializado por más de 85 exportadores peruanos. La presentación fresca sigue predominando con una participación cercana al 91%, seguida de las conservas de mandarina, que alcanzan el 9%.

El 2022 la mandarina cerró en positivo, con 229,528 toneladas despachadas por un valor de US$ 266 millones.

Esto significó un crecimiento del 7% en volumen y 8% en valor comparado al 2021. Los reducidos volúmenes disponibles en el mercado mundial facilitaron colocar la producción peruana con ligeras mejoras en los precios recibidos. Sin embargo, dado las complicaciones logísticas, el incremento en la estructura de costos fue mayor al aumento en los precios de venta, por lo que se vio reducida la rentabilidad. Ya desde hace unos años antes de la pandemia, se reportaba productores que optaban por reemplazar el cultivo, generando una desaceleración en el crecimiento de la producción local. La pandemia y la mejora en los precios habían reducido el recambio, pero desde el 2022 se observa nuevamente el interés por migrar de producto. Según un informe de PROCITRUS, se espera que en los siguientes años los cultivos se reduzcan hasta un 8% debido a esta situación.

Ya el primer cuatrimestre del 2023 evidenció problemas adicionales que podrían acelerar la decisión de migrar hacia frutos como la palta o el arándano. Existió un gran retraso en el inicio de temporada debido a las altas temperaturas que está presentando el Perú. Con ello, el volumen exportado apenas alcanzó las 15,323 toneladas por un valor de US$ 18 millones. Esto significó una caída de 38% en volumen y 34% en valor. Sin embargo, las expectativas siguen siendo positivas. Aun con el desplome de las variedades más tempranas, como la Primosole y la Satsuma, las estimaciones —tal vez muy optimistas ante un clima aún impredecible— sostienen que al finalizar el año los volúmenes crecerán un 4% en comparación al 2022.

DINÁMICA DE LAS EXPORTACIONES

Para comprender el mercado de las mandarinas es relevante diferenciar las tendencias que siguen cada variedad, las cuales no suelen tener el mismo comportamiento en el mercado internacional. La especie más exportada por los productores peruanos es Murcott. Esta suele ser tardía y presenta picos entre junio y septiembre. Durante el 2022 presentó un incremento de aproximadamente 8% y pudo obtener precios ligeramente mayores al año anterior, esto debido a que el mercado norteamericano vio estancado el crecimiento de envíos de otros competidores y de su misma producción interna. Las empresas esperan que en la campaña del 2023 se presente un crecimiento similar al del 2022, aun cuando hay informes de una recuperación de competidores europeos como España y se mantiene la constante amenaza de la producción sudafricana. Eventos que posiblemente presionarán al precio a la baja.

La variedad Tango presentó un buen año con un crecimiento cercano al 19%. El mercado norteamericano fue clave para estos buenos resultados, pues el crecimiento de los envíos a los países de esta región pudo compensar la fuerte caída de esta especie en el mercado europeo. Sin embargo, para el 2023 se estima que se pueda generar un sobreabastecimiento, especialmente en Estados Unidos y Canadá, lo que podría desacelerar su crecimiento.

En contraposición, la variedad Satsuma continúa en una constante caída. Durante todo el 2022, se observó una reducción de los envíos de aproximadamente el 20%. Esta tendencia parece continuar en el 2023, pues en las últimas semanas se reporta una reducción del 40% en los embarques. Hay varios factores que explican estas caídas. La Satsuma lleva muchos años cultivándose en el Perú, ha podido sobrevivir a grandes fluctuaciones del mercado y pronósticos negativos que decretaban su reemplazo en el país. Sin embargo, la crisis logística afectó de manera especial a esta variedad generando que muchos productores se muevan hacia otras más rentables. Además, el mercado europeo se vio inundado por esta mandarina, por lo que los precios fueron a la baja, generando aún más incentivos para reducir su producción. En el 2023 se agregó el factor climático que ha retrasado el despegue de los envíos y no augura un buen cierre para esta variedad.

La mandarina Clementina presentó un comportamiento similar a la Satsuma. Mucho de esto tiene que ver en que ambas son variedades tempranas. Sin embargo, la Clementina pudo resistir mucho mejor el 2022, esto es debido a que a pesar de haber tenido un duro año en el mercado europeo, en el norteamericano no se observó una caída importante. Esto, a su vez, se explicó porque los productores europeos de clementinas decidieron centrarse en su propio mercado, por lo cual no se hubo una gran presión en esta variedad en el mercado norteamericano, como sí sucedió con la Satsuma. Con ello, el total de envíos se redujo en aproximadamente 4% durante el 2022. Con respecto a la actual temporada, la mandarina Clementina ha tenido un inicio muy positivo. A pesar de considerarse una variedad temprana, es la única de ese grupo que está consiguiendo superar los envíos del año anterior. Solo en marzo y abril registró un crecimiento de casi el 40%, generando expectativas positivas para el resto de la campaña.

Por último, las variedades premium —como la Nova y la Orri— parecen estar funcionando en el Perú y se presentan como una opción viable para reemplazar a las menos rentables. Solo en el 2022, estas dos variedades presentaron crecimientos cercanos al 30%, además se reportan que sus estructuras de costos permitían generar mejores rentabilidades. Sin embargo, con los resultados del 2022 en algunas variedades y los problemas de los sobrecostos, se observa una tendencia clara en los productores por reducir las áreas de este cítrico, antes que optar por el cambio de especie.


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