Una década con crecimiento volátil
Entre 2017 y 2025 las exportaciones peruanas de azúcar de caña se movieron dentro de una banda ancha: de US$ 21.3 millones en 2018 a US$ 99.4 millones en 2023. No ha sido un avance continuo ascendente. Es un negocio de campañas que depende de cuánta azúcar queda disponible después de abastecer el mercado interno y de cuán atractivo esté el precio para comercializar fuera.
El primer quiebre fue 2018, cuando el valor cayó 70% y el volumen 68%, hasta 40,934 toneladas. Es el piso de la serie. El rebote de 2019 fue igual de brusco: US$ 89.2 millones y 183,862 toneladas, el mayor volumen anual de todo el periodo.
El segundo quiebre cambió la naturaleza del negocio. Entre 2019 y 2023, el crecimiento dejó de venir del granel y se mudó a azúcar refinada, de US$ 40.6 millones a US$ 83.3 millones. En ese tramo el precio promedio subió de US$ 0.485 a US$ 0.797 por kilogramo. El país exportaba menos toneladas, pero mejor pagadas, y 2023 cerró como el mejor de los años evaluados.
El tercer quiebre llegó en 2024, cuando el azúcar en bruto regresó con fuerza —US$ 51.8 millones frente a US$ 13.8 millones el año anterior— y el refinado se replegó. Desde entonces conviven dos negocios distintos bajo el mismo nombre: un flujo de refinado que sale todos los meses y una ventana de granel que se abre unas pocas semanas al año.

Ocho meses que ya superaron todo un año
Entre enero y agosto de 2026 el Perú exportó 153,386 toneladas de azúcar de caña por US$ 56.6 millones. El volumen es 152% mayor que el del mismo periodo de 2025 y supera en 18% todo lo embarcado durante 2025 completo. Con cuatro meses por delante, 2026 se encamina a superar el récord de volumen de 2019.
El valor, en cambio, creció apenas 51%. La diferencia entre 152% y 51% está en el precio: US$ 0.369 por kilogramo, 40% por debajo del año pasado y el nivel más bajo observado en el periodo de análisis desde 2017 al 2026. El mercado mundial da una señal muy clara, el sector puede vender mucho más, pero, debe de cobrar bastante menos por cada kilogramo.
La explicación intuitiva sería un cambio de mezcla, con más granel barato desplazando al refinado. Los datos no la respaldan. Al valorizar la composición de 2026 con los precios de 2025, el precio promedio apenas se movería. La caída ocurre dentro de cada producto: el refinado retrocedió 15%, la panela 19% y el azúcar en bruto 57%. El problema está en el precio en sí de los productos.
El azúcar en presentación granel es el que más impacta en 2026. En 2025, el azúcar en bruto —embarcado a Estados Unidos— se valorizó en alrededor de US$ 0.73 por kilogramo, más del doble de la referencia internacional de entonces. En 2026 se colocó cerca de US$ 0.32, prácticamente en línea con el contrato de Nueva York, que en abril tocó 13.76 centavos por libra (alrededor de US$ 0.3034 por kilogramo). Dicho de otro modo: el volumen de 2026 salió al mundo cuando el precio internacional estaba en su punto más bajo, y el repunte posterior llegó con la campaña ya embarcada.

Colombia toma la delantera y Casa Grande concentra
Por primera vez en el periodo reciente, Colombia desplazó a Estados Unidos como primer destino en valor: US$ 27.6 millones y 48.7% del total, con un crecimiento de 81%. Es un mercado de azúcar refinada que compra todo el año y paga US$ 0.575 por kilo. Estados Unidos quedó en 37.8% con US$ 21.4 millones, pero absorbió 95,228 toneladas, casi dos tercios del volumen total.
Ecuador retrocedió 13% y perdió cinco puntos de participación. En el extremo opuesto, España creció 212% y Países Bajos 126%, ambos sobre bases pequeñas y concentrados en panela orgánica, el segmento de mayor valor unitario de la canasta con US$ 1.29 por kilogramo. Son mercados de nicho, no de volumen, pero son los únicos que sostienen precios altos. Por todo ello, el azúcar peruano se concentra en tres destinos con más del 93% del valor.
Del lado empresarial, la concentración se agudizó. Casa Grande explica 47% del valor exportado, frente a 35.6% un año atrás, y en ocho meses ya superó lo que facturó en todo 2025. Agroindustrias San Jacinto sumó 16.9% y Agrolmos 16%, esta última multiplicando por doce sus envíos. El contrapeso es Cartavio, que cayó 51% y pasó de segundo a cuarto lugar. Cinco empresas concentran 93.6% del valor: la estructura competitiva sigue siendo la de un oligopolio industrial, no la de un sector atomizado.
Más caña en el campo, con el riesgo por delante
Detrás del récord exportador hay una base productiva real. La producción nacional de caña de azúcar alcanzó 5.08 millones de toneladas entre enero y junio de 2026, 23% más que en el mismo periodo de 2025 y 15% por encima de 2024. Es el mejor primer semestre de los últimos años y ayuda a explicar por qué la ventana de granel pudo adelantarse a junio.
Asimismo, es clave diferenciar ambos productos, la caña es la materia prima; el azúcar es lo que sale del ingenio. En 2023 el país cosechó más caña que en 2022 (10.1 frente a 9.6 millones de toneladas) y aun así produjo menos azúcar, porque el calor y las lluvias fuera de estación redujeron la sacarosa del tallo. Más caña no garantiza más azúcar ni mayores exportaciones.
La sacarosa es justamente el azúcar contenido en la caña y el componente que determina cuánto puede recuperar el ingenio. Depende de la madurez del cultivo y del manejo del riego, y es sensible a las temperaturas altas y a las lluvias antes de la cosecha. Los grados Brix, que se usan como indicador complementario, miden los sólidos solubles totales del jugo, no la sacarosa: en soluciones puras ambos coinciden, pero en el jugo de caña el Brix incluye otros compuestos, de modo que una lectura alta no equivale automáticamente a un mayor rendimiento en azúcar.
Esa sensibilidad es fundamental porque la oferta peruana está concentrada en la costa norte: La Libertad aporta el 51.4% de la caña destinada a azúcar, seguida de Lambayeque (18.7%), Lima (14.6%), Áncash (7.9%) y Piura (6.8%), precisamente en la franja donde las autoridades climáticas mantienen el estado de alerta por El Niño costero y donde, en su comunicado del 28 de agosto, elevaron a 62% la probabilidad de una magnitud extraordinaria entre septiembre de 2026 y enero de 2027, con el pico esperado en noviembre y diciembre.
Ese riesgo no es solo potencial: en 2023, Lambayeque perdió 13% de su producción de caña y Áncash 3% en un contexto de condiciones climáticas adversas, por lo que el principal tramo de vulnerabilidad queda concentrado en los últimos meses del año.

El mundo empieza a pagar mejor
El escenario internacional se dio vuelta durante 2026. Tras un 2025/2026 de superávit —la Organización Internacional del Azúcar (ISO) estimó 1.1 millones de toneladas sobrantes y una producción récord de 182 millones—, las proyecciones para 2026/2027 apuntan a déficit. Pero conviene leerlas como un rango, no como un dato: la ISO calcula 200 mil toneladas de faltante, Covrig 300 mil, StoneX 1.7 millones, Czarnikow 2.9 millones y Green Pool 3.2 millones. La dispersión mide la incertidumbre.
Buena parte de esa incertidumbre viene de Brasil, origen de cerca del 54% de las exportaciones mundiales. Unica, la asociación industrial brasileña, dejó de publicar sus reportes quincenales de molienda a fines de junio y pasó a una frecuencia mensual, lo que dejó al mercado sin su principal termómetro en plena cosecha. A eso se suma una caída de 26.3% en la producción del Centro-Sur en junio y el desvío de caña hacia etanol.
India, segundo productor mundial, autorizó importar hasta un millón de toneladas de azúcar crudo, una señal de que sus inventarios están más ajustados de lo que muestran las cifras oficiales, y su monzón acumulaba 13% menos lluvia de lo normal. La Unión Europea proyecta una caída de 19% y Tailandia de 15.6%.
El precio ya recogió el giro. El contrato de referencia en Nueva York opera en máximos de más de quince meses y el azúcar blanco en Londres en máximos de diecisiete. Citi elevó su proyección a 19 centavos por libra a tres meses y 22 centavos a doce, y señala el fortalecimiento de El Niño como el principal riesgo agrícola hacia 2027.
Lo que viene
El balance de 2026 deja al sector en una posición contrastante. Colocó un volumen sin precedentes y demostró capacidad de molienda y logística, pero lo hizo en el peor momento de precios de la década. Con US$ 56.6 millones acumulados, necesita US$ 27.6 millones entre septiembre y diciembre para igualar al 2025; en esos mismos meses del año pasado facturó US$ 46.8 millones, de modo que el año cerrará por encima salvo que una caída significativa de la producción limite el volumen disponible para exportación.
La pregunta relevante ya no es cuánto exportará el Perú, sino a qué precio y con qué exposición. Si el déficit mundial se confirma y la cotización sostiene los niveles actuales, el tramo final del año y la campaña 2027 encontrarán un mercado dispuesto a pagar más. El riesgo está del lado de la oferta: una campaña concentrada en la costa norte, en manos de cinco empresas y frente a un evento climático que la Comisión Multisectorial encargada del Estudio Nacional del Fenómeno (ENFEN) considera probable justo en los meses de mayor actividad. El azúcar peruano llega a esa cita con más toneladas y menos margen por kilogramo que nunca.
