El Niño desde la ciencia y el conocimiento ancestral

¿Por qué 2026 apunta a un “Niño Godzilla” y qué significa realmente para el Perú? Ya no se debe de hablar si habrá Niño, sino, en qué parte del ciclo de este Niño estamos.

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El mar frente al Perú está ardiendo, días de vacaciones escolares de invierno que se asemejan a las vacaciones de verano. En pleno invierno austral —cuando nuestras aguas deberían estar en su punto más frío del año— el océano amanece casi 4 °C por encima de lo normal. No es un pico pasajero: es la firma de un El Niño en plena escalada, probablemente, uno de los más fuertes que se tenga registro. La Organización Meteorológica Mundial (WMO) ya lo describe como un “Niño fuerte” en desarrollo; la prensa científica, con menos formalidad, habla de un “Niño Godzilla”. Desde Preciso Consultoría y Fresh Fruit Perú, esta nota reúne dos formas de leer el mismo fenómeno: la de los satélites, los índices y los modelos —la ciencia— y la del mango que no florece, el mar de Paracas que se entibia y el invierno que no llega —el conocimiento ancestral que el campo y el mar peruanos vienen acumulando por generaciones.

I. Qué es El Niño para la ciencia

Un evento recurrente que calienta las aguas frías del Pacífico

El Niño es la fase cálida de un mismo latido climático llamado El Niño–Oscilación del Sur (ENSO), uno de los motores más poderosos de la variabilidad del clima de un año a otro. Consiste en un calentamiento anómalo de la superficie del mar en el Pacífico ecuatorial central y oriental: justo esa franja de agua que, frente a Sudamérica, suele estar fría gracias al afloramiento —el viento empuja el agua superficial mar adentro y desde el fondo sube agua fría cargada de nutrientes—. Esa agua fría es la razón por la que el Perú es potencia pesquera: la anchoveta vive de ella. Cuando El Niño se instala, esa piscina fría se cubre de agua caliente y todo el sistema se desordena.

Según la WMO, los eventos de El Niño ocurren típicamente cada dos a siete años y suelen durar entre nueve y doce meses. Se desarrollan entre marzo y junio, alcanzan su pico entre noviembre y febrero, y ejercen su mayor influencia sobre la temperatura global durante el año siguiente a su inicio. La intensidad de cada evento varía según su duración, la época en que se desarrolla y cómo interactúa con otros patrones, como el Dipolo del Océano Índico.

El mundo y las zonas del Niño

Para vigilar el fenómeno, los científicos dividen el Pacífico ecuatorial en cuatro “regiones Niño”. La región Niño 1+2 es la más pegada a la costa peruana, frente a Tumbes, Piura y Ecuador; la región Niño 3 y la región Niño 4 cubren el Pacífico oriental y occidental; y la región Niño 3.4, en el centro, es la que se usa como referencia estándar para declarar el estado global de ENSO. Mirar las cuatro a la vez permite saber no solo cuánto calienta el mar, sino dónde lo hace —y eso cambia por completo los efectos.

El fenómeno no afecta a todo el planeta por igual. La WMO advierte que “no todas las regiones se ven afectadas, e incluso dentro de una región los impactos pueden ser distintos”. Aun así, un Niño fuerte deja una huella global reconocible: calor por encima de lo normal en casi todos los continentes, más lluvia en unas zonas y sequía en otras. En 2026, además, se suman un Dipolo del Océano Índico positivo, el Niño del océano Indico, que no coincide con un Niño del Pacífico desde el año 1997-1998; y, un Atlántico tropical más cálido de lo habitual, que amplifican los efectos regionales.

Los indicadores del Niño: ONI, TNI, RONI y la NOAA

Decir “el mar está caliente” no basta. La ciencia necesita números comparables, y para eso existen varios índices que conviene distinguir:

  • ONI (Oceanic Niño Index). El índice clásico de la NOAA. Es el promedio móvil de tres meses de la anomalía en la región Niño 3.4, comparado con un promedio de 30 años. Se habla de El Niño cuando supera +0,5 °C durante cinco trimestres consecutivos.
  • TNI (Trans-Niño Index). Mide el gradiente entre la región Niño 1+2 y la región Niño 4. No dice cuánto calienta, sino qué “sabor” tiene el evento: si el calor se concentra hacia la costa sudamericana (Niño oriental o “canónico”) o hacia el Pacífico central (tipo Modoki). Introducido por Trenberth y Stepaniak en 2001, se usa junto al Niño 3.4.
  • RONI (Relative Oceanic Niño Index). El más nuevo y quizá el más importante para entender 2026. Como todo el océano se está calentando por la crisis climática, el ONI clásico tiende a “inflarse”. El RONI corrige eso: le resta a la región Niño el calentamiento promedio del resto de los trópicos. Lo que queda es El Niño “puro”. Fue tan útil que la NOAA lo adoptó como índice operativo oficial en febrero de 2026.

Un matiz clave de vocabulario: la WMO clasifica los eventos como débil, moderado, fuerte o muy fuerte. El término “súper El Niño” —o “Niño Godzilla”— no forma parte de su sistema oficial y no se usa en sus productos. Es lenguaje periodístico, útil para dimensionar la magnitud, pero no una categoría técnica.

Ahora es un “Niño Godzilla”: ¿por qué?

El apodo nació entre 2015 y 2016, cuando el oceanógrafo Bill Patzert (NASA) lo usó para que el público entendiera que se venía un evento extraordinario. No es un término científico, pero se quedó. En 2026 vuelve a tener sentido: el pronóstico multimodelo de la WMO proyecta que la anomalía promedio en la región Niño 3.4 alcanzará cerca de +2,9 °C en el trimestre agosto–octubre, con el pico de intensificación hacia noviembre. Frente al Perú, la región Niño 1+2 llegaría a +3,6 °C. Y el ascenso ha sido vertiginoso.

La evidencia se acumula desde frentes independientes. El meteorólogo Ben Noll (The Washington Post) calcula que, en el Pacífico central, este evento ya está tan cálido como el histórico de 1997 lo estuvo recién a fines de agosto, y como el de 2015 en octubre: vamos adelantados. Ryan Maue, con datos de la Met Office británica, ubica la región Niño 3.4 en +2,12 °C, ya en categoría muy fuerte, tras sumar más de 1,5 °C en apenas 90 días. Y la atmósfera ya respondió: el Índice de Oscilación del Sur cayó a -25,8 según el servicio meteorológico de Australia —bastaría -7 para hablar de El Niño—. Niveles así solo se vieron en los eventos de 1982-1983 y 1997-1998. Océano y atmósfera trabajan en equipo, y por eso el evento se alimenta a sí mismo.

Diversas hipótesis, ninguna aún confirmada del todo

¿Por qué este año el fenómeno es tan extremo? Circulan varias explicaciones, con muy distinto grado de respaldo. Conviene presentarlas con honestidad:

  • Un “súper ciclo” del Niño. La idea de que, cada cierto número de décadas, los eventos extremos tienden a agruparse. Es una hipótesis en discusión dentro de la comunidad científica, no una regularidad demostrada.
  • Volcanes submarinos activos en Asia. Una hipótesis que circula: erupciones submarinas permanentes frente a Japón inyectarían calor que, transportado por corrientes, llegaría hasta la zona de Paracas y de ahí subiría hacia el norte. Es una explicación atractiva, pero por ahora especulativa y sin respaldo en la ciencia dominante: el calor geotérmico del fondo marino es, a escala de cuenca, muy pequeño frente al que aporta el sol y la atmósfera. Se menciona porque forma parte del debate público, no como causa establecida.
  • El cambio climático de fondo. La explicación con mayor respaldo. Un océano que ya venía en niveles de calor récord hace que cada Niño arranque “desde más arriba” y se vuelva más extremo. Copernicus confirmó que junio de 2026 fue el mes de junio más cálido del océano mundial en 44 años de registros satelitales. El Niño y el calentamiento global no compiten: se suman.

Qué dicen los expertos internacionales para este año

El 31 de julio de 2026, la WMO fue categórica: un El Niño fuerte se está desarrollando y se fortalecerá durante agosto–octubre, con anomalías de temperatura del mar que superarían los +2,9 °C en las regiones clave y el pico previsto para noviembre. La confianza del pronóstico es alta: los distintos modelos coinciden. Se esperan temperaturas por encima de lo normal en gran parte del mundo y un patrón de lluvias de “Niño clásico”.

“El Niño ya no está en la puerta: está dentro de la casa y subiendo la calefacción. Y esto es apenas el acto de calentamiento.” 

António Guterres, Secretario General de la ONU

“Los pronósticos por sí solos no evitan los peligros; las personas sí. Este Niño ofrece a los gobiernos y comunidades una ventana para anticipar riesgos y actuar antes de que los impactos ocurran.” 

Celeste Saulo, Secretaria General de la WMO
II. El Niño en el Perú

Las ondas Kelvin y el Anticiclón del Pacífico

En condiciones normales, los vientos alisios soplan de este a oeste y empujan el agua caliente hacia Asia, mientras frente al Perú aflora agua fría. Cuando esos vientos se debilitan —como muestra el Índice de Oscilación del Sur en su valor extremo actual—, se disparan las ondas Kelvin: pulsos de agua cálida que viajan por debajo de la superficie a lo largo del ecuador, de oeste a este, hundiendo la termoclina y llevando calor hasta la costa sudamericana. Al mismo tiempo, el Anticiclón del Pacífico Sur —el sistema de alta presión que mantiene fría y nublada nuestra costa— se debilita, y deja entrar vientos del norte más cálidos y húmedos. Esa es la maquinaria que explica por qué Lima deja de tener invierno.

El Perú atravesando un evento claro de Niño

No es una posibilidad: es un hecho medido. El ENFEN —la comisión peruana que reúne a SENAMHI, IMARPE, la Marina y otras instituciones— mantiene la Alerta de El Niño Costero. En su Comunicado Oficial N.° 13, del 17 de julio de 2026, proyecta que el evento continuaría hasta abril de 2027, con magnitud fuerte como escenario más probable y sin descartar la magnitud extraordinaria hacia fines de 2026. Para el verano de diciembre 2026–marzo 2027, sus propias tablas asignan 38 % de probabilidad a un evento fuerte y 33 % a uno extraordinario: siete de cada diez escenarios apuntan a lo grande, y 0 % a que esto se disipe antes. El SENAMHI, en paralelo, emitió alerta por temperaturas muy por encima de lo normal en más de veinte regiones de la costa.

El dato más contundente lo aporta el RONI: aun descontando todo el calentamiento global, el mar frente al Perú sigue más de 3,4 °C por encima del resto de los trópicos. La región Niño 1+2 marcó +3,95 °C en pleno invierno. Eso no es calentamiento de fondo: es El Niño, y de los grandes.

¿Un año calendario o algo que se cocina por más tiempo?

Es tentador pensar en El Niño como “el fenómeno de tal año”, pero la realidad es más sutil. ENSO es un ciclo acoplado entre océano y atmósfera con memoria de varios meses: el calor se acumula bajo la superficie antes de manifestarse arriba. El evento actual empezó a gestarse alrededor de marzo de 2026 y se extenderá hasta el verano de 2027, de modo que cruza dos años calendario. Además, un océano precondicionado puede encadenar eventos casi consecutivos. Por eso es más correcto hablar de una fase de un ciclo que de un episodio encerrado en doce meses. La pregunta útil no es “¿es de este año?”, sino “¿en qué punto del ciclo estamos y hacia dónde va?”.

Las manifestaciones gráficas del Niño

Un buen diagnóstico no se hace con un solo número, igual que una fiebre no se lee solo con el termómetro. Los cuatro mapas del Pacífico que se publican a diario responden, juntos, cuatro preguntas al mismo paciente —el océano frente a nuestras costas:

  • El termómetro (temperatura del mar). Cuánto marca el agua hoy, en grados. Muestra al océano ecuatorial cálido estirándose este año hasta muy cerca de Sudamérica.
  • La fiebre (anomalía). Cuánto está por encima de lo normal para la fecha. El mapa clave que muestra como una lengüeta roja continua a lo largo del ecuador, pegada a la costa peruana.
  • ¿Solo este paciente o toda la casa? (anomalía menos el promedio global). Descontando el efecto del calentamiento global, la zona cálida ecuatorial sigue siendo la más roja del planeta. Es decir, no solo hay un océano caliente, hay un Niño real montado sobre sobre ese océano ya caliente. Justamente, la lógica por la cual fue creado el indicador RONI.
  • ¿Sube o cede? (cambio en 7 días). La anomalía no retrocede y el calor se sostiene en el mes más frío del año.

¿Qué significa todo esto para el Perú? Tres consecuencias ya en curso. En el mar, la anchoveta se repliega hacia el litoral y a mayor profundidad buscando el agua fría que necesita, gastando sus reservas, mientras ingresan especies de aguas cálidas como sierra, barrilete, atún aleta amarilla y picudos. En el aire, temperaturas muy por encima de lo normal en toda la costa. Y en el agua, el escenario más probable para el verano 2026-2027 son lluvias superiores a lo normal en la costa norte y central: la doble cara de El Niño en el Perú —lluvia de sobra donde no hay drenaje, y de menos donde se siembra en la sierra.

III. EL CONOCIMIENTO ANCESTRAL DEL NIÑO EN EL PERÚ

Mucho antes de los satélites, el Perú ya leía a El Niño. El nombre mismo lo pusieron pescadores del norte, que notaban la llegada de aguas cálidas cerca de la Navidad —de ahí “el Niño”, por el Niño Jesús—. Ese saber sigue vigente: el campo y el mar anuncian el evento con señales que hoy los datos confirman una por una.

La floración del mango

El mango necesita frío para florecer: entre 16 y 17 °C durante cuatro o cinco horas por la noche, sostenidos por 15 a 20 días. Cuando el invierno costero desaparece, ese estímulo no llega y la floración se frena. En la campaña 2026-2027, la floración del mango y del limón en Piura quedó estancada en niveles mínimos —reportes de apenas 30 a 40 % de lo normal, y hasta cerca del 10 % en los valles más golpeados como San Lorenzo y Chulucanas—. Para el agricultor, un mango que no florece es un termómetro tan claro como cualquier índice: anuncia un evento fuerte. Y el costo es enorme: se estima que Piura podría perder alrededor de US$ 3,000 millones por el impacto de este Niño.

Aguas cálidas en agosto en Paracas

Agosto debería encontrar a Paracas con el mar frío, en pleno afloramiento. Cuando en cambio amanece tibio, los pescadores lo saben antes que el termómetro: es la señal de que el afloramiento se apagó y de que el norte del país debe prepararse para la lluvia. Ese entibiamiento anticipado —el mismo que aleja a la anchoveta y trae especies tropicales— es uno de los avisos más confiables del saber costero, y este año se cumplió.

No hay invierno en la costa: el caso de Lima

La ausencia de invierno es, en sí misma, un indicador. Junio de 2026 fue el segundo junio más cálido en más de 60 años en Lima. El 13 de julio, el Callao marcó 27,3 °C, la máxima más alta jamás medida para esa fecha; La Molina llegó a 28,5 °C. La capital encadenó una ola de calor diurno de 41 días consecutivos en pleno invierno, y la zona del aeropuerto registró su noche más cálida en 67 años (21,5 °C de mínima). Cuando la costa no enfría, no hace falta un índice para saber que el mar está descompensado: el cuerpo lo siente.

LA VENTANA PARA PREVENIR ES AHORA

El diagnóstico ya está hecho, es público y se actualiza con regularidad. La temporada de lluvias va de setiembre de 2026 a abril de 2027, y la próxima actualización del ENFEN llega el 14 de agosto. El problema, como resume la propia lectura de los mapas, no es el diagnóstico: es cuánto de esa información se convierte a tiempo en quebradas limpias, drenajes despejados, defensas ribereñas y presupuesto ejecutado antes de que lleguen las lluvias. La ciencia y el saber ancestral coinciden en el aviso. Anticiparse siempre será más efectivo que actuar cuando el agua ya esté cayendo. El Perú ha demostrado que está en capacidad de afrontar situaciones muy complejas, es la hora de demostrar que los eventos climáticos pueden comenzar a ser controlados y aprovechados. Las grandes masas de agua que se esperan en el norte sirven para llenar los acuíferos por años. Estamos actuando contra el tiempo, lo mejor es mitigar lo mayor posible los efectos negativos generando el máximo provecho para la sociedad. Como dice la sabiduría china, “Nada en el mundo es más suave que el agua, y sin embargo, nada tiene más fuerza. El agua alimenta la vida, pero, atraviesa la roca y vence los obstáculos con la fuerza de la suavidad”.

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